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Día 1 en Osaka

El día de ayer y de hoy han sido muy, muy duros. Para mí, son como un mismo día. Salí de Madrid a amsterdam y de amsterdam a Japón prácticamente sin ningún descanso. Me levanté a las 6:30 del miércoles, y desde esa hora hasta ahora, 9:30 (17:30 en Japón)… ¡no he dormido! Tengo que aguantar por lo menos hasta las 19:00 hora japonesa para poder acostarme (12:00 am en Spain) y no sufrir los efectos del jet lag. De momento lo estoy logrando aunque si me quedo quieta noto como mi cabeza se mueve como si aún estuviese en el avión. No lo he comentado, pero estuve en vuelo durante casi 11 horas… para volverse loca.

Sin embargo, vamos a lo interesante: Japón.

¿Cuál ha sido mi primera impresión?

Lo primero de todo he de decir que el azar siempre ha jugado en mi vida un factor importante, aunque también puede ser el hecho de creer en la frase “todo pasa por algo”. Entré en el avión de Amsterdam y fui directa a buscar mi asiento. Por suerte me tocó al lado de la ventilla.

Sin embargo, al cabo de un rato me doy cuenta que me he equivocado y que mi asiento correcto era justo el de delante, ocupado ahora por una chica japonesa. La chica en cuestión a la que “le robé” su asiento no me dijo nada en ningún momento, simplemente cogió el de delante. Me sorprendió bastante y no supe qué hacer. ¿Le dijo que si quiere cambiarse? ¿Le pido disculpas? Pero me di cuenta que nada de eso tenía sentido, ella simplemente no le dio importancia y decidió sentarse en el que estaba libre. Así que opté por dejarlo estar, después de todo eran centímetros de diferencia.

Me estuve preguntando todo el tiempo quién me tocaría al lado, “Ay dios, ojalá me toqué un japonés guapo”, pensé. Pero, para mi fortuna, me tocó una pareja de ancianos (marido y mujer) maravillosa. Al darse cuenta el señor que entendía un poco el japonés y podía hablarlo comenzamos a charlar sobre un montón de cosas. Además, antes de la salida del vuelo tuvieron que arreglar la electricidad del avión que se había estropeado y de lo cual no hubiera enterado si Wada-san no hubiese estado allí. Desde aquí le estoy muy agradecida. Me ayudó también con los papeles de inmigración y se preocupó muchísimo por mí. Jamás creí que tuviese la gran suerte de encontrarme con  la “amabilidad” japonesa antes de llegar a Japón.

Sin embargo, ahí no acaba todo. Una de las azafatas holandesas le comentó a su compañera japonesa si podía encargarse de mí porque algunas cosas me las sabía en japonés y no en inglés (sí, lo sé, desde los 3 años dando inglés en el cole para nada… patético). Pues la azafata japonesa que me cuidó fue super atenta conmigo, además de dulce y simpática. Me recomendó cambiarme de sitio (ya que el avión no estaba todo lleno) para poder dormir mejor en unos asientos más amplios. Tuve que despedirme de Wada-san, pero lo vería más adelante.

También me ayudó a terminar los papeles de inmigración y me explicó todo lo que tenía que hacer nada más salir del avión ¡todo eso sin yo preguntarle nada! Me sentí como en casa.

El aterrizaje fue simplemente espectacular. El aeropuerto de Kansai está creado sobre el mar, y cuando el avión se posa en la pista, durante unos minutos, parece que va a aterrizar sobre el océano. Es una experiencia preciosa. Recuerdo ver desde el avión la isla y notar como todo mi pecho se encogía. ¡Ahí está mi querido Japón!

Tuve buena suerte, y en inmigración conocí a unos chicos madrileños (hermanos los dos) super simpáticos que también viajaban para estar con un amigo japonés de la familia.

Cogí la maleta y salí fuera ¡y ahí estaban Otosan y Okasan esperando con un precioso cartel!

Me puse super contenta y ellos también se rieron un montón. Cambié los euros a yenes y nos fuimos a casa.

En la entrada estaba esperando Lemon-chan (el perrito labrador que tienen), lo saludé y entré en la casa (por supuesto sin olvidarme de quitarme los zapatos). Obaachan estaba allí, y también fui a saludarla y ella a darme la bienvenida.

El trayecto del aeropuerto hasta la casa fue maravilloso. Otosan y Okasan me vinieron a buscar en coche, y a la ida pude ver un montón de cosas típicas de allí, como las casitas, los establecimientos, etc.

Almorzamos a los pocos minutos de llegar. Era pasta con verduras y de postre un yougurt.

Por fin pude, con mis propios ojos, confirmar lo que siempre había sabido: ¡la limpieza es Japón es digna de admirar! Fuimos a dar un paseo un rato después de comer con Lemon-chan (lo llevé yo) y me maravillé de la limpieza de las calles. ¡Todo limpio! En el paseo fuimos a una tienda de dulces, a la pescadería y… ¡a un konbini! Hice mi primera compra: una pinzas que me había olvidado en casa. Mañana iré a por mangas, que están baratísimos (tan sólo digo que la shonen jump está como a 3 euros o 4).

La atención en los establecimientos también me encanta. Te saludan super contentos, te sonríen y te dan las gracias, además de tratarte con muchísimo respeto.

Es como si toda mi vida estuviese en el lugar equivocado, y de repente llego aquí y todo encaja. Es tan sólo el primer día, así que ya iré viendo cómo suceden los siguientes. Pero siento una felicidad al estar aquí, en un lugar tan soñado. Suele pasar que cuando piensas demasiado en lo bueno que es algo al tenerlo te decepcionas. Pero es que las expectativas que tenía sobre Japón se han desbordado en un solo día… es estar aquí y decirme a mí misma: ¡Ya era hora!

Al volver del paseo nos tomamos el dulce y estuvimos hablando sobre qué hacer mañana. Seguramente iremos al aquario de Osaka. ¡Tengo ganas de meterme en el futón para poder empezar un nuevo día con ganas! Me estoy cayendo de sueño pero he conseguido aguantar hasta más de las 20:30 para adaptarme al horario. Estoy tan cansada que todo me parece surrealista,  un sueño del cual voy a despertar.

Por la noche cenamos y después estuvimos un buen rato hablando. Para ser el primer día creo que me he acostumbrado bastante al idioma, ya le voy cogiendo el truco.

La cabeza todavía me da vueltas. En pocos minutos me toca a mí entrar en ofuro (ahora está Otosan) y después al futón!!

Okasan y yo

Probando el sake

Cena de hoy

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